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domingo, 15 de mayo de 2011

Mi primera novela: Los colores de la vida


Título: Los colores de la vida
Año: 2011
Páginas: 428
Género: Novela
Precio: 15€



NOTA DEL AUTOR
Esta obra es una recopilación de historias verdaderas que me contaron y que he unido con un hilo de ficción. Es una novela que analiza la situación y el papel de las mujeres en España durante el siglo XX. Mi intención es honrar a este sector trabajador y silencioso, pilar básico de nuestra estructura social, que nunca recibe un merecido reconocimiento.


He intentado mantenerme al margen de escribir una novela de izquierdas o derechas, dado que todas las mujeres trabajan por igual, en sus casas y/o fuera de ellas, sin importar su color político.

Por último, he querido resaltar la belleza del paisaje del sur, con su verdor y su
sequedad, sus atardeceres naranjas en el Mediterráneo y sus maravillosas gentes.


martes, 16 de febrero de 2010

Eros y Tánatos



La culminación amorosa en la pareja es un bondage o esclavitud mutua. Los amantes luchan por superar sus límites individuales para fundirse en un solo ser; pero esa fusión no se producirá sin violencia, sin la pasión caníbal por devorar al otro o por vampirizarlo.

Exposición Las lágrimas de Eros, en el Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.
Foto: El vampiro, Eduard Munch.

miércoles, 28 de octubre de 2009

jueves, 23 de abril de 2009

Mujer palmera mirando el puerto de Palma


Releyendo mi queridísimo blog, me he dado cuenta de que nunca conté qué pasó con aquél concurso de pintores amateur en el que participé en enero, organizado por el periódico Volkskrant (¿era realmente necesario nombrar el periódico? Pues no. Pero queda muy holandés).

No gané ese concurso, si no, ya se habrían enterado hasta en Vladivostok. Pero, lo que pinté, es uno de los cuadros más bonitos que he hecho. Mis amigos dicen que es un autorretrato. Yo lo pinté pensando en mi madre que se hacía un moño por el estilo, pero puesto que somos parecidas, pues sí, podría tratarse de un autorretrato inconscientemente. Podría tratarse de lo que quiero ser de mayor.

Una mujer se ha ido convirtiendo en palmera, a medida que pasa el tiempo, observando el puerto de Palma, tal era su belleza.

Obviamente, el puerto de Palma, no es exactamente el de la capital de las Islas Baleares, si no un puerto figurativo. Se trata del puerto de un pequeño pueblo, con sus casitas y su iglesia, que está situado casi en la orilla del mar. Palmeras y montañas cubiertas de pinos mediterráneos, le dan un toque de verdor al azulado paisaje.

El mar, de color azul intenso, como sólo el Mediterráneo puede ser a la caída de la tarde, ondea sus aguas con parsimonia, y hace ondear a los barquitos de pescadores.

La brisa mueve las ramas de las palmeras, un suave sonido agradable como ningún otro, se mete por los oídos de la mujer y acaricia su mente y su cuerpo, interiormente.

La mujer lleva días ahí, frente al mar, observando sus movimientos, intentando memorizarlos para reproducirlos cuando esté lejos de él. Presa de su éxtasis, se ha olvidado del tiempo, y en un dulce pero poderoso trance, ha empezado a convertirse en palmera. Sus piés se quedaron calvados en la arena, su piel se tornó piel de palmera. Su cuerpo, pierde las formas femeninas y se tornea cual tronco, delgado y recto. Su altura se ha multiplicado, ¡ahora mide veinte metros!

Pero, ¿qué ha pasado con su cara y con su pelo rizado recogido en un pomposo moño?

Para sorpresa de los pescadores y de los pintores que acuden a la remota bahía a captar el movimiento del mar con sus pinceles, la palmera que domina la playa, tiene cara de mujer, y entre sus ramas, grandes tirabuzones de cabello, se precipitan al vacío.

Los pescadores y pintores pierden el aliento, cuando al ascender sus ojos por el tronco de la extraña palmera, advierten que es una mujer, y que no aparta su vista del mar, con una sonrisa dibujada en su boca.

viernes, 3 de abril de 2009

Y deseo no volver jamás


Mi queridísimo espacio de publicacion
ipso facta, cuánto tiempo sin dirigirme a ti. Aún estoy liada con la terminación de ese cuadro onírico sobre la carretera sin fin. La primavera ha llegado y nos ha sorprendido a todos porque hace un calor que no veas. En Holanda tengo mi ropa de invierno, así que, se está convirtiendo en un suplicio pedalear con botas y calcetines. Nunca pensé que diría esto.

Ayer hablábamos de Frida Kahlo. Oye, cuánto sufrió esta mujer. Tuvo una vida llena de operaciones y dolores físicos y metafísicos. Eso, la llevó a pintar el surrealismo de su vida real. Hoy, ¿quién no la conoce?

Me pregunto si hay que sufrir mucho para ser recordada por los siglos de los siglos. Mira a Jesucristo, si no. Los cuadros de Frida están llenos de color, y cualquiera que no estudie un poquito su obra, pensaría que es una mujer positiva, que sólo mira el lado amable de la existencia. Sin embargo, si te detienes, y observas los rojos corazones, las blancas calaveras, los sangrantes cortes en el cuerpo de la artista autorretratada, entonces te das cuenta de lo mucho que sufrió.

De pequeña, enfermó de poliomielitis, con lo cual quedó cojita. Y estéril. De mayor, sufrió los abortos de los niños que hubiese podido tener con el amor de su vida, su infiel marido Diego Rivera.

Así que no sólo sufría físicamente, si no que tuvo que aguantar a su esposo liándose incluso con la hermana de ella. Aún así, se casó dos veces con él. Como diciendo,
te odio, pero me caso contigo... otra vez. ¡Qué mujer tan fuerte y que alma tan atormentada!

Frida se sometió a más de treinta operaciones quirúrgicas, tras aquél terrible accidente que tuvo el autobús en el que viajaba con un tranvía que se atravesó. Treinta operaciones y decenas de corsés, para intentar enderezar su columna hecha un sendero sinuoso más que un camino recto.

Hay una película de Salma Hayek, sobre la vida de la pintora. Bueno, pues la recomiendo. Está hecha con creatividad, respetando la obra de la artista. El film es colorista y alegre, pero la vida de Frida, es... una pena.

Antes de morir, tras mucho tiempo acostada en su cama, pintando para evadirse de su desgracia, Frida dijo:
Espero alegre la salida, y espero no volver jamás

¡Qué frase! Me pone los pelos de punta. Si hubiese alguna posibilidad de poder volver a la vida, Frida la rechazaría. Había sufrido tanto, que no quería volver a vivir ni por asomo. Quería, de hecho, salir cuanto antes, y no regresar.

Saquen la película del videoclub o cómprenla, porque es una reflexión sobre la vida misma.

domingo, 15 de febrero de 2009

La carretera sin fin



Ayer por la mañana se me tenían que haber acabado los días difíciles del mes, pero no sé porqué están durando más de lo debido. Será porque como no me gustan, me persiguen.

No tengo claro si el sueño que voy a contar lo he tenido antes de levantarme a las 04:27 horas o después. En cualquier caso, ha valido la pena despertarme en medio de la noche para que mi cerebro elaborara tan misterioso y surrealista sueño.

Conduzco un coche, parecido a un BMW azul oscuro, a toda velocidad por un paisaje de montañas secas que no tiene fin. No hay carretera, no hay señales de ningún tipo. Parece un desierto pero no es arena lo que pisamos. Es una tierra fina entre amarillenta y marrón. Un tipo de grano que no he visto en mi vida. Parecía como tierra artificial para Belenes. El contorno de la carretera no existe. No es ni siquiera "una carretera". Sé que es una carretera porque sus bordes son un poco marrones, y no amarillos como el resto del paisaje.

Hacía sol, no tenía miedo, pero las montañas compuestas por esa extraña tierra, eran eternas. Se multiplicaban en el horizonte y no tenían fin. La carretera estaba llena de curvas. Íbamos hacia arriba y hacia abajo. Girando y volviendo a girar. A veces el BMW derrapaba, bajábamos del coche, divisábamos más y más montañas. A lo lejos, ni una sola casa. Ni una sola huella. El cielo era azul, como el del las doce del medio día. Sospechábamos que conducíamos por La carretera sin fin. Boquiabiertas, subíamos al coche, seguíamos conduciendo por esa inmensidad. Los tonos amarillos y marrones dominaban. La textura, como polvo de oro pero más recio, más rugoso.
No teníamos sed, no teníamos temor a nada, pero acabábamos de descubrir que lo imposible, nos estaba ocurriendo en ese mismo momento. La carretera sin fin era algo real. Tantas veces había dicho la humanidad esta carretera no tiene fin y ahora había llegado el momento, en el que asistíamos a una irrealidad real, palpable.

Tras una eternidad subiendo y bajando las curvas de esa carretera, que lamía las eternas montañas de cumbres suaves y redondeadas, llegamos a un sitio.

¡Mira, hemos llegado a un sitio! Una arcada asentada en columnas color ocre, se apoyaba sobre un suelo blanco con rombos negros, brillante, recién fregado. Al terminar la arcada, verdes palmeras y vegetación de otro tipo, alegraban el lugar y le daban frescor. Era una sala de baile preparada para nosotras.

¿Quién la había limpiado o preparado para nosotras? Eso permenecerá siendo un misterio. Era una sala preciosa, de estilo Art Noveau, con el suelo abrillantado, listo para deliszarse sobre él con pasos de baile. Silencio y paz flota en el ambiente. Tras La carretera sin fin, hemos llegado a un lugar preparado para nosotras, sin un grano de arena en el suelo, donde vamos a bailar y a disfrutar profundamente de los regalos inesperados de la vida.

Moraleja. Todo el mundo está perdiendo su trabajo, y yo aún no he encontrado uno. Tras un recorrido que parece no tener fin, duro, seco, sin principio ni final, hallaré mi recompensa, y será maravillosa. Bailaré en un jardín húmedo, elegante, estético y serenísimo, con el suelo recién abrillantado.

lunes, 19 de enero de 2009

Vista de Palma vs. Mi Mona Lisa

Me he enterado por el periódico, de que hay un concurso para pintores amateur. Esa es una palabra francesa para denominar algo que se hace de manera no profesional. O sea, que no vives de ello. No es que yo pueda leer en holandés, pero me lo han soplado. A final de mes, tengo que mandar una foto de mi obra. Entonces, seleccionarán unas cuantas que en abril serán expuestas en los museos de Utrecht y Eindhoven. Pues, ¡qué bien!

Tengo obras hechas en cera, que son difíciles de plasmar en óleo. La presentación al óleo es mucho más profesional. Reconozco que me encantan mis ceras, con esos colores tan vivos, pero claro, no los puedo mezclar. El óleo brinda la posibilidad de crear una amplísima gama de colores. Tienes un azul y un blanco, lo que se traduce en un abanico de tonalidades. Si mezclo el óleo con aceite de linaza, es menos pastoso (Van Gogh no sabía esto o no le gustaba) y se seca antes.
De esas obras hechas en cera, tengo dos especialmente bonitas. Una se llama Vista del Pueblo Español de Palma y la otra es Mi Mona Lisa. Creo que para concursar gustará más una obra completamente original. Así que he pensado que en vez de repetir Mi Mona Lisa, pintaría a una mujer igual de enigmática pero con la característica de tener un pelo rizado muy voluminoso.



He observado la obra de Palma, y he pensado que una combinación de una mujer mirando al mar, con los edificios del Pueblo Español en la base del liezo, haría un conjunto bonito. Ya he hecho un boceto con bolígrafo. Mañana he planeado dibujarlo en el lienzo y empezar a pintar. Tengo poco dinero y solo dos lienzos en blanco. No puedo ensuciar el lienzo sin más. Necesito que la obra salga como quiero que salga. Exactamente como yo quiero. Con eso, me basta, porque sé que quedaría bonita y podría resultar seleccionada.

Estos días hace menos frío pero está lloviendo que da gusto. ¡Unas duchas en plena calle! El jueves llega un amigo mío, y espero que traiga chubasquero, tal y como le he sugerido.

¿Qué cuadro de estos dos os gusta más?