miércoles, 15 de julio de 2009

Premier y varitas mágicas a media noche



"Para culminar este día de mi cumpleaños, he reservado cinco entradas para ir a ver esta noche a las doce, la premier de Harry Potter and the Half-blood Prince". Estas fueron las palabras de la niña-mujer que ayer cumplía dieciocho años, y las que estábamos con ella, mayores que la chiquilla, seguimos dándole caladas a nuestros cigarrillos sin demostrar entusiasmo alguno.

Pero, ¿cómo nos íbamos a negar? Allá, que tras un día de cumpleaños, barbacoa de carne y pescao incluida, nos tomamos un cafetazo y nos montamos en el Volvo, para dirigirnos a la última entrega de la pesadísima saga del chaval con poderes mágicos.

¡Qué dineral ha debido ganar la autora, no sé qué Rowling! Los cines estaban a reventar, dos salas enormes albergaban a los fanáticos del muchachito con su varita luminosa. Para mí, que por principio no me gustan las pelis comerciales, la cinta sólo llamaba mi atención por el tema de los efectos especiales.

Resumiendo, no voy a aburriros, la peli me pareció una mezcla de Berverly Hills 90210, Embrujadas y Superman 3 (con los tres malvados vestidos de negro). Diez euros me sacaron por visionar semejante maravilla mundial. Dos horas y media, con pausa incluida y anuncios diría tres, de movie que no termina de arrancar. Parecía que empezaba la acción, pero no. Y así, casi tres horas.

¿El final? Bueno, como se trata de una colección de libros hechos pelis, no hay un final final. Todo es una continuación. No hay conclusión ni moraleja. Para llegar a descifrarla, quizá debería acudir a los cines cuando saquen las dos últimas entregas de ésta, la octava maravilla del mundo.

Pues, ¿qué quieren que les diga? Ya tengo la moraleja: cuanto más famosa la peli y más esperada, más probabilidades de que sea un rollazo.

Ahórrense esos diez euros, al menos es lo que cuesta el cine o bioscoop en Holanda, e inviértanlos en un buen tanque de cerveza y un paquete de tabaco con un amigo.

Claro que, lo feliz que hicimos a la cumpleañera, ¡no tiene precio!

martes, 30 de junio de 2009

Allá donde estés


Nunca me ha gustado formar parte de un movimiento masivo, pero esta vez, me apunto a él. Ha muerto el Rey del Pop y yo, lo he sentido.

¿Porqué un cantante tan lejano a mí, que ni siquiera formaba parte de mis discos de primera necesidad, me hace sentir pena una vez que ha dejado este mundo? Respuesta sencilla, porque se trata de Michael Jackson. Porque su música me ha acompañado durante toda mi vida.

No voy a enumerar sus discos o los hitos de su carrera. No me los sé, y reconozco que sé muy poco sobre sus escándalos, manías y todo tipo de detalles morbosos de su vida. Al contrario que muchos periodistas de televisión, que como cotorras hablaban sobre el astro del pop alrededor de una mesa en horario de medio día, como si hubiesen sido sus seguidores o biógrafos números uno, me limito a contar en este blog, lo que el Rey del Pop ha sido para mí.

Recuerdo cuando pusieron su videoclip más famoso en televisión. Yo tenía pocos años. Mis padres y mis hermanos estábamos en la casa de mi abuela. Mi hermana, al ver la cara del hombre lobo del Thriller, saltó desde enfrente de la televisión, hasta el sofá que estaba al fondo de la salita. Del susto, saltó por encima de la mesa, llena de miniaturas, y aterrizó en el mullido sofá.

Como nos gustan las pelis de miedo, ese videoclip, nos cautivó. Teníamos menos de diez años, pero Jacko había entrado por la puerta grande a nuestras cortas vidas, con su baile espectacular, con su puesta en escena, con su ritmo inconfundible, magistral, con su tez morena, su dulce y joven belleza.

Siempre me dio la impresión de que este cantante, una superestrella, estaba desamparado en la arena discográfica. Repito que no sé mucho sobre él, pero me encantaba, como a cualquier otra persona con buen gusto musical y amor por el baile. Nunca me creí el morboso capítulo sobre sus inclinaciones con los niños. En mi cabeza no cabe, que unos padres acepten dinero, a cambio del silencio, después de que un maníaco haya abusado de su hijo. Creo que todo fue un montaje. Michael Jackson podría no haber sido un santo, pero tampoco un pederasta.

Te has ido, Michael, y lo que más me apena es pensar que, siempre rodeado de crápulas, moriste solo. Y yo, que medito sobre la muerte amenudo, creo que en esos momentos antes de desvanecerte, debiste sentir tanto miedo, y me dan ganas de llorar, no porque nunca te veré más, sino por esa vida de estrella inalcanzable, ídolo de masas, y absolutamente solo en la hora de tu muerte.

Te recordaré siempre, como millones de personas, me quedo en mi memoria con tu moonwalk, y tu actuación Billie Jean, en el Pasadena Civic Auditorium - Motown 25.

Allá donde estés, siempre te llevaré en el corazón.

jueves, 23 de abril de 2009

Mujer palmera mirando el puerto de Palma


Releyendo mi queridísimo blog, me he dado cuenta de que nunca conté qué pasó con aquél concurso de pintores amateur en el que participé en enero, organizado por el periódico Volkskrant (¿era realmente necesario nombrar el periódico? Pues no. Pero queda muy holandés).

No gané ese concurso, si no, ya se habrían enterado hasta en Vladivostok. Pero, lo que pinté, es uno de los cuadros más bonitos que he hecho. Mis amigos dicen que es un autorretrato. Yo lo pinté pensando en mi madre que se hacía un moño por el estilo, pero puesto que somos parecidas, pues sí, podría tratarse de un autorretrato inconscientemente. Podría tratarse de lo que quiero ser de mayor.

Una mujer se ha ido convirtiendo en palmera, a medida que pasa el tiempo, observando el puerto de Palma, tal era su belleza.

Obviamente, el puerto de Palma, no es exactamente el de la capital de las Islas Baleares, si no un puerto figurativo. Se trata del puerto de un pequeño pueblo, con sus casitas y su iglesia, que está situado casi en la orilla del mar. Palmeras y montañas cubiertas de pinos mediterráneos, le dan un toque de verdor al azulado paisaje.

El mar, de color azul intenso, como sólo el Mediterráneo puede ser a la caída de la tarde, ondea sus aguas con parsimonia, y hace ondear a los barquitos de pescadores.

La brisa mueve las ramas de las palmeras, un suave sonido agradable como ningún otro, se mete por los oídos de la mujer y acaricia su mente y su cuerpo, interiormente.

La mujer lleva días ahí, frente al mar, observando sus movimientos, intentando memorizarlos para reproducirlos cuando esté lejos de él. Presa de su éxtasis, se ha olvidado del tiempo, y en un dulce pero poderoso trance, ha empezado a convertirse en palmera. Sus piés se quedaron calvados en la arena, su piel se tornó piel de palmera. Su cuerpo, pierde las formas femeninas y se tornea cual tronco, delgado y recto. Su altura se ha multiplicado, ¡ahora mide veinte metros!

Pero, ¿qué ha pasado con su cara y con su pelo rizado recogido en un pomposo moño?

Para sorpresa de los pescadores y de los pintores que acuden a la remota bahía a captar el movimiento del mar con sus pinceles, la palmera que domina la playa, tiene cara de mujer, y entre sus ramas, grandes tirabuzones de cabello, se precipitan al vacío.

Los pescadores y pintores pierden el aliento, cuando al ascender sus ojos por el tronco de la extraña palmera, advierten que es una mujer, y que no aparta su vista del mar, con una sonrisa dibujada en su boca.