lunes, 5 de marzo de 2012

La lluvia en la ciudad



Iba caminando por la calle pensando en lo que le acababa de decir. La frase se repetía en su cabeza y le provocaba presión en el pecho, sentía que no podía respirar. Siguió caminando con la mirada en la acera mojada sin ver su propio reflejo. Los demás corrían buscando una cornisa bajo la que refugiarse de la tormenta. Ella dejó que la lluvia la empapara deseando que se llevara su pena a las alcantarillas de la ciudad y lejos, la llevara muy lejos de ella, al océano, si pudiese ser. Al océano donde todo había comenzado hacía unos meses. Dicen que las experiencias más sobresalientes de nuestras vidas las vivimos cuando viajamos solas; para ella, así era. Un perro la observaba desde la esquina, incluso él se había puesto a cubierto. Cuando ella pasó por su lado el perro le dio con el morro en la mano, como queriendo consolarla. Los animales son más sensibles que los humanos, pensó ella, se percatan del dolor aunque no seamos de la misma especie.

El viento corría violentamente por las calles y pegaba sin remilgos a mujeres y niños; los zarandeaba, los empujaba al suelo, los revolcaba por la aceitosa carretera. Una rama de un gran árbol cayó al asfalto fulminada por un rayo o enfado de Dios. A ella le dio igual, la rabia y el desconsuelo la conducían sin rumbo en el caos de la urbe. Los coches se detenían improvisadamente en medio de la carretera y sus conductores no podían ver adonde dirigirse pues el agua que caía del cielo era como en el diluvio universal. Un coche estuvo a punto de atropellarla, otro y otro más, pero a ella le daba igual, no le hubiese importado morir. De pronto, en medio del ruido, de los rayos, del vendaval, de la copiosa lluvia, un brazo la rescató de la muerte, a lo mejor le tendría que haber preguntado primero si quería que la salvara; ella hubiese respondido que no. Pero el brazo no se lo pensó y como un gancho de vida la apartó de las ruedas del gran camión de basura, pues la mierda en la ciudad es mucha. A tiempo no frenó el camión y por eso se estrelló contra una palmera de grueso tronco que se quejó y llamó idiota al conductor.

Ella tenía el pelo mojado cubriéndole la cara y la mirada perdida, ni siquiera se había asustado ante la muerte. El hombre salvador la miró con un intenso interrogante en sus ojos y ella no levantó la mirada de la acera, igual que antes de que el camión se dirigiera hacia ella sin control. Prendado de su melancolía, sintió que no quería dejarla marchar, los segundos transcurrían. Ella no hizo por desasirse, él se preguntó si aquello eran lágrimas o gotas de lluvia en su preciosa cara. Sin quererlo remediar, la acercó a su pecho y le dio un gran abrazo, la abrazó con todas sus fuerzas y la ternura los empapó.

domingo, 9 de octubre de 2011

Kill me please y disfrute del mejor cine europeo



La cinta destaca en el 44º Festival de Cine Fantástico de Cataluña
Sitges, 8 de octubre 2011

Creo que fue su humor negro, ácido y belga, lo que cautivó a la sala. Además, la cámara al hombro, la fotografía y el blanco y negro de Kill me please, jugaron un papel decisivo. También ayudó la sala en la que se proyectaba, un antiguo teatro, de esos con asientos rojos y escenario dorado, con frescos en la bóveda y aire sesentero. Todo se confabuló para enamorarnos. Aun así, no nos olvidemos de su magistral guión, ocurrente y negro guión, de Stéphane Malandrin, Olias Barco Virgile Bramly.

La película, calificada en el festival como Nuevas Visiones – Dark Fiction, dirigida por Olias Barco, presenta una de las grandes paradojas humanas, pues muchos buscan y esperan la muerte con ansias, pero huyen despavoridos cuando ésta asoma su rostro.

El Dr. Kruger dirige una clínica de suicidio asistido. Una cantante de ópera con cáncer de pulmón, una jovencísima enferma terminal, un millonario o un joven con altas pretensiones, son algunos de sus pacientes. La calmada vida de la aislada clínica se desmorona cuando sufren un inesperado ataque.

Mucho humor, y del bueno, en esta cinta. Sin duda uno de los mejores guiones para sacarle del anodino torrente de cine de masas. No se la pieda si le gusta lo bueno.


miércoles, 5 de octubre de 2011

El manzanazo del iPhone 5


Hay dos manzanas en la Historia que  han sacudido nuestras vidas. Y no sólo sacudido sino virado el timón de nuestro destino. Una fue la manzana que, según nos han contado, Eva le dio a Adán que el pobre no tenía culpa de tener hambre y probablemente ella lo hizo por generosidad, pero, mira, alejaron de nosotros, sus congéneres, el Paraíso para siempre jamás. La segunda manzana, es la manzana de Apple. Ésa a la que la sociedad le ha dado un mordisco quedándose así enganchada a su sabor y estética.

Las consecuencias de ésta, la segunda manzana, se visualizan requetebién en uno de sus productos mágicos: el iPhone 5. ¡Y cómo ha cambiado la velada con amigos desde que llegó el teléfono dichoso! Que antes había mucha más conversación sobre la mesa y descripciones de canciones, películas, anuncios y ciudades, y, ahora, hay siempre un listo que pone el dedito en el iPhone y nos muestra aquello de lo que hablábamos, cortando así el ritmo de la charla. Y ahí voy yo, intrépida, intentado sacar un tema de lo que el maldito iPhone no encuentre información, pero claro, ¿qué tema es ése? Por más que intento escapar del manzanazo, nada. Pero oiga, déjeme escuchar lo que dice mi amigo sobre esa película, ¡no me la muestre en su gorgeous smartphone!

Y voy más allá. ¡Cómo ha fastidiado el coqueteo el maldito iPhone! Antes los hombres intentaban decir algo interesante para conocerme, ahora sólo me enseñan su iPhone, cuando salió el uno, pues el uno, el dos, pues el dos, ¡y ahora ya estamos en el cinco! 

Total, que bastante desatino significó la primera manzana, como para que la segunda vaya ya por la quinta. Y las que quedan.